Ladrando en La Voz del Interior

El nuevo amor de Ciro


Jauría, el proyecto post Attaque de Pertusi, llega a llega a Cosquín Rock. Él confiesa haber recuperado el entusiasmo y reivindica el espíritu del festival serrano.

Jauría, la agrupación que Ciro Pertusi armó luego de su partida de Attaque 77, hará su debut en Cosquín Rock (y en Córdoba) este sábado, en la segunda fecha del festival serrano. En esa jornada, se presentarán sobre el escenario principal algunos artistas emergentes, como María Eva y Utopians, y el resonado cuarteto de próceres (Charly García, Spinetta, Gieco y Skay).

Para Ciro, esa combinación le va a venir bien a Jauría, de modo que el show será una gran oportunidad para mostrar el nuevo proyecto. “Es justo lo que necesitamos para este momento”, asegura. Luego agrega: “Además, va a ser un día especial, porque los grupos que tocan en esa misma fecha convocan a un público muy oyente, a gente atenta. Está bárbaro que los pibes estén saltando y agitando, pero ahora estamos dando el puntapié inicial y necesitamos a un público expectante, que sepa lo que está pasando.”

–Más allá de la presentación del grupo, ¿qué significa para vos un festival como Cosquín Rock?
–Lo digo con una mano en el corazón y sin desmerecer a otros festivales como el Pepsi o el Quilmes, pero Cosquín Rock es el más importante. Primero, por una cuestión personal, por el cariño que tengo con Córdoba, que es uno de los lugares más lindos de Argentina. Y segundo, por su espíritu federalista, esa bajada de línea que tiene a los hechos como predicación. La organización implica mucho operativo, involucra a mucha gente, pero aún así sigue siendo un festival con pocos intermediarios al momento de arreglar fechas. Es un mérito haberlo hecho crecer hasta este nivel. Bandas de otros países me suelen preguntan por el festival.

–Vamos a Jauría. ¿Tuvieron el OK de Palazzo desde el primer momento?
–Un día nos cruzamos con José en Buenos Aires. Y el loco, efusivo como es, nos invitó a tocar de una al Cosquín Rock, a pesar de que somos una banda nueva. Palazzo tiene ese empuje, sigue teniendo esa cosa amateur. En el buen sentido lo digo, mantiene una ilusión. Es un chabón que quiere que salga todo bien.

–¿La forma de componer de Jauría difiere mucho de la de Attaque 77?
–Hay un modus operandi, que es mi forma de componer, que siempre está presente. Por ese lado, digamos que es una evolución individual. Pero ahora me fusiono mucho más con mis compañeros en la cuestión musical. Traigo lo mío, pero probamos otras cosas. Con Attaque estuve 21 años, y ya teníamos una forma de laburar que te establecía frente a la gente. Ahora los chicos tienen otra forma de tocar, vienen de escuelas parecidas, pero hay otras datas. Entonces pensé que era mi gran oportunidad para romper estructuras y fusionar.

–No todas las canciones llevan tu firma. Algunas son de Ray Fajardo.
–En realidad, el laburo se hizo para todos lados. Si Ray ponía una canción sobre la mesa, todos metíamos lo mejor que teníamos en función de ella y comenzábamos a analizarlo desde ahí, para llevarlo a lo mejor posible. Al final, salió algo bastante mezcladito.

–Se te oye entusiasmado.
–Sí, y me parece algo lógico. Es como el nuevo amor, ¿no? Venís de una relación, pasás un tiempo solo y después arrancás con otra cosa. Renace una esperanza, encontrás muchos incentivos. La gente te dice ‘te noto distinto’, porque realmente te afecta y eso se nota, hay una innovación en la sangre. Es una energía adolescente, pero con la experiencia que aporta el pasado a la hora de tomar decisiones.

–En el disco se animan a versionar la “Marcha imperial” como el preludio para una canción oscura, “Guerra en las galaxias”.
–La canción te tira abajo pero es realista, y pedía la Marcha imperial. Habla de plantear hasta dónde llegará este caos. Es visión de futuro: seremos los mismos, pero proyectados a otras galaxias. En vez de barrios privados, buscaremos constelaciones privadas. Notamos lo bien que suena la música original de Star wars, esa idea de la lucha del bien y el mal. Es el gran desafío para el futuro. La canción habla un poco de que el sistema nos obliga a pelearnos entre nosotros y a separarnos. Y eso es contribuir también con el imperio del mal.

Perros compañeros
Pichu Serniotti. Violero y productor santafesino. Su proyecto madre fue Cabezones hasta que empezó a desencontrarse con el cantante César Andino. Una vez separado de esa formación, se hizo fuerte como productor. Sus trabajos en el rubro se tocaron más que tangencialmente con Córdoba. Es que Pichu produjo los dos discos de Hyperstatic.

Ray Fajardo. Sorprendió su salida de El Otro Yo, donde era mucho más que un simple baterista (consiguió similar peso simbólico que el de un Aldana). Cualquiera hubiera hecho lo mismo que Ciro Pertusi en su lugar: llamar a un músico solvente (¡¡¡y disponible!!!) como Ray, que garantiza un estándar atómico, precisión rítmica, imagen.

Mauro Ambesi. A la par de sus compañeros, el bajista es el miembro menos resonante del súper grupo. Su inclusión se explica porque es casi de la familia de Ciro. De hecho, formó parte de Romanticistas Shaolín, la banda de Federico Pertusi, hermano del líder y alguna vez vocalista de Attaque 77. En el disco, Mario se ensambla bien con Ray.

Fuera de temático
Jauría actuará el sábado, en la segunda jornada de Cosquín Rock. No estará programado como número punk (el temático de ese género tendrá lugar el viernes) sino como una oferta de interés en un día de artistas legendarios. Su show está previsto para las 17.40, en el escenario principal. Para más precisiones, chequear
vos.com.ar/cosquinrock.

Nota José Heinz

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