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Jauría: manos a la obra


El combo Pertusi-Fajardo-Ambesi-Serniotti dio su primer show en Capital, ante un Teatro Flores sold out.


Vestidos como cuatro obreros inmigrantes de principios del sigo pasado, los Jauría terminan su primer show en la Capital, y plantean, casi sin querer, una metáfora de lo que son: cuatro trabajadores del rock, que llegaron desde otros lugares para hacerse de abajo, y empezar de nuevo. Y aunque la tarea no parece ser fácil -la historia pesa, las comparaciones son inevitables- los músicos no lucen para nada preocupados. ¿Acaso debían renunciar a sus pasiones, a su deseo, al placer que conocieron? Cualquier psicoanalista diría que eso es imposible de lograr.

En vivo, al igual que en el disco, Jauría va al frente. No obstante, hay muchos más climas (diseñados por el guitarrista Pichu Serniotti, ex-Cabezones) que en un simple concierto punk. Ray Fajardo, ese raro espécimen de baterista que también compone y produce, es una máquina de ritmos súper precisa, que junto al bajista Mauro Ambesi -representante del under y fuerza joven de la banda- es responsable del groove, y de que cada golpe que da se sienta como una patada en el pecho. También en el vivo es donde se ve cómo funciona esta versión de “cantante de canciones” que es hoy Ciro Pertusi, un poco más alejado de la velocidad, y más enfocado en la lírica y en las melodías. Y aunque la evidente ansiedad de la banda se tradujo en algunos pifies, hay que decir que incluso las canciones del álbum que parecen más débiles, ganan puntos y lucen frescas y renovadas.

Plantear un concierto de dos horas con sólo un álbum en su haber, puede ser complicado para cualquier artista, pero no para Jauría. A los 15 temas propios, la banda sumó 10 composiciones que Pertusi hizo en los años de Attaque 77. Y salvo “Donde las águilas se atreven”, ninguna de esas canciones es reconocida por ser un megahit, sino más bien por ser temas que encajarían a la perfección en el presente, como “Onírico”, “Piscis”, “Caballito de Hierro”, “Ángel”, “Espiral de Silencio” y, por supuesto, “El Perro”. En esa línea -la de la introspección, el autoanálisis- van las mejores canciones de Jauría, como “Ascenso”, “Adiós a Dios”, “Austin”, “Océano Anárquico” y “Religionaré”, aunque la bajada de línea del cantante esté presente en canciones como “Tosco” y “La Jauría”.

Si lo que planea la banda es hacerse de un nombre propio, quedará mucho camino por recorrer, hasta que en los cantitos de la gente deje de confundirse el “Soy de Attaque” con el “Soy de Jauría, es un sentimiento.”. Si las supersticiones dan la razón, Pertusi acaba de dar su primer paso en Flores, el mismo barrio donde empezó con la música, hace más de 20 años. Y hay quien dice que, a veces, las cábalas funcionan.

Por Leonardo Ferri

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