Jauria en diario La Capital

“Protegemos la idea libertaria de la creatividad en su estado más puro”

“Somos perros sin hogar que estaban deambulando y nos juntamos para hacer una jauría, y está bueno, porque protege esa idea libertaria y anárquica de la creatividad en su estado más puro”, dijo Ciro Pertusi, voz líder de Jauría, la banda que debuta el sábado, a las 22, en Willie Dixon (Suipacha y Güemes). El primer ladrido en Rosario.

Cuatro ex conforman Jauría. Pertusi viene de ser el alma de Attaque 77; Ray Fajardo fue el baterista de El Otro Yo; Pichu Serniotti dejó la impronta de su guitarra en Cabezones y el bajista Mauro Ambresi pasó por Expulsados, Katarro Vandaliko e Imperfectos.

“Este es el mejor disco que hice, sin desmerecer el mágico viaje de Attaque 77″, dijo Ciro en una charla abierta con Escenario, en la que habló sin nostalgia de sus ex compañeros de ruta, de cómo fue volver al ruedo cuando ya había vendido sus instrumentos, y de este enamoramiento con su nueva banda, en la que apuntan a una labor compositiva más horizontal y participativa. “No queremos que nos etiqueten, como dice la canción (“Océano anárquico”) “hasta donde nos llevará el viento esta vez”, es el leit motiv de la banda”.

—¿Este comienzo con Jauría te recuerda los primeros tiempos de Attaque?

—No, es un comienzo distinto. Antes tenía una cuota de incertidumbre y cierto sufrimiento si se quiere, porque las condiciones no eran las mejores. Había dudas de qué iba a funcionar y qué no, más allá de que uno está haciendo lo que le gusta. Acá, en este caso, es como que uno ya superó esos fantasmas y se vive de otra manera, lo vivo bien, no pensé que iba a estar tan bueno empezar de vuelta.

—¿Nunca te tentó lanzarte como solista, como lo hicieron Andrés Ciro o Gustavo Cordera, por ejemplo?

—No, para mí no implica ningún atractivo. Si me ponía como solista vi que me iba a salir, me tengo plena confianza, me iba a ir medianamente bien, pero no era algo que me deslumbrara, quizá me iba a cansar. Pero ahora busco mucho la interrelación, a mí me gusta mucho componer y ver qué respuesta tengo en la banda, me gusta pensar en un tema en relación a los músicos del grupo, es un desafío crear algo que les guste a ellos. Para mí, que me digan que les gusta lo que hago, es un honor. Era mucho más tentador meterme en semejante viaje, y además me implicaba un aprendizaje.

—¿Sentiste que de algún modo se recreó esa mística de garage de las bandas que recién empiezan?

—Sí, hay mucha locura, nos llamamos permanentemente y tenemos ideas de niño, parecemos niños jugando a lo imposible. Pensamos en el show, en cómo mejorar todo y lo llevamos al punto de la fantasía máxima. Y lo hacemos siempre pensando que estamos largando desde cero.

—¿Por qué desde cero, si todos vienen de buenas experiencias previas?

—Es que todos estábamos en otra línea, nos habíamos salido de lo profesional. En mi caso, yo había vendido mis cosas porque no me interesaba más nada, y empecé de vuelta a comprarme equipos y a endeudarme, pero está buenísmo.

_¿Sentís que grabaron un disco importante?

—Mirá, cuando terminamos este disco, yo le dije a Pichu: “Este es el mejor disco que yo hice”. Y lo digo sin desmerecer el mágico viaje de Attaque 77, que me trajo a hacer este disco de Jauría. Siento que esto es lo que yo quería escuchar, no digo que es lo que a la gente le hace falta, sólo digo que es lo que a mí más me gusta.

—¿Qué te transmite Jauría?

—Cuando veo los recitales nuestros filmados digo “qué bien que nos vemos, qué buen semblante, qué energía que hay”. Yo digo “compro, pago la entrada para ver a estos muchachos”. Y lo bueno es que está instalado en la banda la palabra mestizo, que la gente lea muy claramente que estamos mezclados, que no queremos uniformados, que no nos etiqueten, que no nos claven en un estilo de música, que la música vaya siendo y que, como dice la canción (“Océano anárquico”), “hasta donde nos llevará el viento esta vez”, es un poco el leit motiv de la banda.

—¿Te da nostalgia cuando ves que Attaque 77 sigue tocando?

—No, estoy bien. Hoy en día me doy cuenta que está muy bueno que sigan, yo basé mucho mi salida en la continuidad de ellos, a mí me alivió salir sabiendo que ellos continuaban, porque no me gusta irme destruyendo cosas, no es mi fuerte.

—¿Por qué Jauría?

—La idea es la particularidad de la historia de los integrantes, todos tenían su proyecto que fue como su hogar. Cabezones fue el hogar de Pichu; lo mismo con Ray con El Otro Yo y yo con Attaque. En el causo de Mauro no, porque es un perro más errante, él tiene más asimilado la forma de ser de una jauría, de entrar y salir y disfrutar de lo bueno. Este grupo tiene que ver con eso, con perros sin hogar que estaban deambulando y se juntaron para hacer una jauría. Y está bueno, porque protege esa idea libertaria y anárquica de la creatividad en su estado más puro.

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