Jauría en La Trastienda: Instinto animal

La banda liderada por Ciro Pertusi arribó al reducto de San Telmo con un show contundente. Mirá el video.

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Con el lema “El instinto manda” como bandera, Jauría irrumpió en el escenario de La Trastienda en la primera de las dos funciones pautadas y demostró que, de las promesas vertidas en su álbum debut, pasó a una realidad constante y sonante.

Frente a una nutrida y fervorosa cantidad de fans (“los mestizos”, a decir de Ciro Pertusi), el cuarteto desgranó una atractiva mixtura de power pop y punk melódico, donde la intensidad y la contundencia rockeras se balancean finamente con la riqueza melódica, los cambios de ritmo y las programaciones que le dan el soplo “high tech” y contemporáneo a la propuesta.

Sin dudas, Jauría destila rock, a veces veloz y pleno de adrenalina y otras lindando con los medios tiempos. Pero mientras no deja de apoyarse en los clásicos de la “old school” (“Guerra en las galaxias”, “Tosco”), tampoco se queda anclado en la mera nostalgia punk. La intención pareciera ser la de mirar hacia delante, sonar actual y, sin perder ni un ápice de potencia, ahondar en la búsqueda de cierta fibra sensible y de la canción perfecta, en la senda de, por ejemplo, Buzzcocks, The Jam y Bad Religion. En ese sentido, la banda consigue, y con creces, su objetivo en creaciones de gran factura como “Ascenso”, “El tren”, la bella “Austin” (con Maikel de Kapanga como guitarrista invitado), “Indios Kilme” y “Adiós a Dios”.

En escena, el grupo suena compacto y aguerrido, descansando en el sólido muro que construyen el bajo de Mauro Ambesi (ex Romanticistas Shaolin’s) y la batería de ese “tractor humano” llamado Ray Fajardo (ex El Otro Yo). Sobre esa base se sostienen la destacada labor del inquieto y criterioso Esteban “Pichu” Serniotti (ex Cabezones) al comando de una guitarra poderosa y, por momentos, aguijoneante, y la segunda guitarra y la voz de Ciro Pertusiquien, sin dejar de ser el mismo de siempre y manejando con experimentada soltura los hilos del show y el ida y vuelta con el público, se mostró sumamente distendido relatando sus historias de amor y desamor, injusticias, lucha obrera y realidad social después del prolongado paréntesis autoimpuesto tras su etapa en Attaque 77.

Luciendo el típico overol que suelen portar los operarios de las fábricas, la agrupación encaró el último tramo del concierto con “artillería pesada” y a puro pogo, a través de “La gente que habla sola”, “Perfección” (cover de Legiao Urbana), una versión más acelerada de “Donde las águilas se atreven” (todos grandes éxitos de Attaque) y temas de cosecha propia con “pasta de hit”, como el contagioso “Morgue corazón”, “Religionaré” y esa furiosa declaración de principios hecha canción (y tan deudora de Motorhead) titulada “La jauría”.

Aún escribiendo sus primeros capítulos como banda e intentando definir su propia identidad musical, Jauría cuenta con el mejor capital que todo grupo ansía: tiene canciones. Y eso ya es más que suficiente para labrarse un futuro alentador.

Nota por Gabriel Hernando.

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